domingo, 13 de mayo de 2012

RIFF CANNON, Mercury Mountain (Auto-Edicion, 2009)

Los buenos muchachos de Riff Cannon me enviaron una copia de Mercury Mountain apenas lo auto-editaron en el 2009 y lamentablemente fue a parar al callejón del olvido; aquel recoveco donde guardo promos que no desenterrare hasta que sea muy tarde para reseñarlos.

En el caso de este disco, cuando finalmente aterrizo en mi estéreo ya había pasado cerca de dos años desde su grabación y para entonces, la banda había cambiado nombres. Hoy en día Riff Cannon ha mutado hacia el más esotérico nombre de Summoner. La alineación es exactamente la misma, razón por la cual me pregunto qué tanto habrá morfado su sonido para ameritar ese regreso a cero. Sea como sea, si el primer álbum de Summoner, Phoenix, es tan potente como este Mercury Mountain entonces vale la pena escucharlo con atencion. 

Muchos no compartirán mi opinión pero para mí el stoner rock murió hace ya un par de años. Lo cual no quiere decir que hoy en día no existan exponentes valideros, sino que mi interés se ha desvanecido casi por completo desde aquel periodo pico entre el ’97 y el 2001. Es por eso que la primera vez que escuche Mercury Mountain quede boquiabierto; en parte porque este álbum no recibió suficiente cobertura y en parte porque al parecer los neoyorquinos de Riff Cannon o eran dueños de un espíritu muy independiente o ni siquiera pudieron captar la atención de un sello discográfico que los financiara y los apoyara promocionalmente.

Es una lástima, una putisima lástima; Riff Cannon apresuraban la base bluesera del stoner rock en general y compensaban la falta de feeling con una marcha adrenalitica e hiperactiva y la enlazaban con ciertas notas guitarreras resplandecientes que los acercan al psyche mas crudo y duro. De entre el emblematico sonido tipico del stoner rock, este cuarteto sobresalia por su rapidez y por su energia descomunal. Mercury Mountain es uno de los discos de stoner rock mas subvalorados de la historia.

((Montaña de Mercurio))

viernes, 11 de mayo de 2012

CHROMIUM DIOXIDE Zine, Numero 5 - El Antonio Banderas de los Zines Metaleros

Me he cagado de la risa mientras leía el último número del fanzine canadiense Chromium Dioxide. Tambien, me he reído y he cagado mientras leía Chromium Dioxide. Había escuchado grandes cosas respecto a esta revista y debo admitir que ha excedido mis expectativas en todos los frentes. 

Inicialmente compre este ultimo numero hace ya aproximadamente tres meses y luego de un par de semanas tuve que comenzar a disparar e-mails puesto que no había recibido nada en el correo. Luego de varios e-mails de intercambio acordamos que si esperaba un poco más, la gente del zine compensaría la demora y la molestia con algo de yapa. 

Dicho y hecho, un bendito martes al llegar a casa encontré un paquete grande que contenía no solo el ultimo numero de Chromium Dioxide sino también el numero dos y el numero tres. Como si esto fuera poco el paquete también incluía una camiseta negra con un diseño del fanzine. Tales fueron las ganas de satisfacer al cliente que según Philty (unos de los dos creadores del zine, el otro es Dave Slimer vocalista de la banda Canadiense Rammer) mi copia de los números dos o tres, eran sus copias personales pues esas ediciones ya se había agotado. 

Chromium Dioxide es uno de los mejores fanzines que he visto. Para la gente fanática de las cosas de culto y de los substratos de la música subterránea y de los films más chambones e inverosímiles, Chromium Dioxide es una especie de enciclopedia. 

El contenido tiene un balance perfecto de metal súper oscuro y preponderantemente ochentero y de películas de tipo B que solo un súper cinéfilo con demasiado tiempo libre conocería. Todo escrito de modo inteligente e irreverente y con un conocimiento tipo bibliotecario. El fanzine además tiene un diseño profesional y es presentado con un gusto que deleitara hasta a el amante de los comics más exigente.

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domingo, 6 de mayo de 2012

The DECIBEL Magazine Tour - IN SOLITUDE, THE DEVIL'S BLOOD, WATAIN y Behemoth.

Jode admitirlo porque muchos se ofenden pero si hay algo que yo cambiaria de la escena metalera, no sería  toda la movida power metal con su ridícula música cursi y desproporcionada, ni sus modas chifonescas, o la atorrantisima movida nu metalera de hace unos años que pareció representar malamente el mejor de los géneros musicales. No.  Si hay algo que yo cambiaria de la escena metalera serian los  metaleros.Quizás debería de ser más claro antes de escribir tan amplia oración, tan abierta a la malinterpretación además, pero cuando por unos cuantos años viví en el medio oeste Americano aprendí un par de lecciones acerca de los metaleros y  de algunos de sus estereotipos; cabezas huecas, racistoides, poco inteligentes, desinteresados en la lectura, borrachos, belicosos, etc, etc.  No que ninguno de estos adjetivos encajaría con mi persona, pero cuando una persona reúne todas estas características pues como que el humano en cuestión es un ser verdaderamente repugnable.

Sea como sea, este 
último martes mis preconcepciones sobre los metaleros se vieron destrozadas al atender el primer tour organizado por la revista Decibel. Nunca he visto una audiencia tan pasiva y amigable (cero pogo) y con excepción  del cerdo hijoeputa que estaba parado a mi costado durante el set de The Devil's Blood y de la bartender anoréxica que me miro con cara de culo y me dijo que me espere después de que yo le pegara un grito para que me sirva otro ron con Coca Cola, todo estuvo de puta madre.

Bueno, todo, descontando el hecho de que me 
perdí el set de In Solitude, una de las tres de cuatro bandas que quería ver en vivo.

Como buen latino que soy llegue al local del concierto pasadas las 8 de la noche. Antes me detuve en un bar donde 
tenían un especial de cervezas 2x1 y racionalice que así evitaba hacer cola. Cuando entre al local del concierto estaba casi abarrotado (98% hombres) y en el escenario en frente de la banderola con el triangulo invertido de The Devil's Blood se encontraban los miembros de la misma banda probando sus instrumentos. Luego de darle una fugaz visita a las letrinas y de informarme de un gordito que meaba a mi costado de que In Solitude ya habían tocado y que lo habían hecho de puta madre, procedí a acercarme tanto como pude al escenario.

Diez minutos 
después salieron los miembros de The Devil's Blood y empezaron a tocar sus harmoniosos y casi poperos temas. Primero hubo un intro y estoy seguro que debe de haber dejado una impresión en aquellos que desconocían a esta banda holandesa. No tanto por la música sino más que nada por el aura seria y embrujada que despedía esta gente. Todos los miembros de The Devil's Blood estaban cubiertos en sangre de cerdo y los ojos tenían fijamente clavados en todo y en nada. Es decir, miraban hacia las paredes y lo hacían fijamente, levantaban sus brazos como saludando no al público, sino a su ser supremo, hacían el signo de los cuernos y algunos del publico respondian como hipnotizados.

De mi lado estaba Selim Lemouchi, el guitarrista y principal escritor de la banda, cuya falta de camiseta dejaba caer su panza mondonguera por encima de sus pantalones de cuero. Mirando este show y sintiendo las notas de bajo que enganchan el ritmo del primer tema "In the Wings of Gloria" yo solo pensaba que esta era la banda que yo había querido ver en vivo desde la primera vez que escuche su EP debut Come Reap, aquel genial esfuerzo que los convirtió inmediatamente en una de mis bandas favoritas.

Unos minutos más tarde y con la gente ya calentada tras el intro y las primeras notas del tema mencionado salió al escenario F. The Mouth of Satan, hermana de Selim y dueña de una figura voluptuosa que bordea en el sobrepeso. Manchada de sangre e invocando a algún diablo que parecía estar en el techo, The Mouth of Satan mantuvo sus brazos extendidos hacia arriba en alabanza a Satanás durante casi toda su presentación. Su voz era limpia y harmoniosa, propia de un ángel caido. 

De rato en rato yo voltebaba para mirar la reacción de la gente. Quería saber si todo el mundo la estaba pasando tan bien como yo. Al menos 90% del publico estaban ahí por Behemoth, la única banda del tour que no me interesaba, y por eso, y por la falta de brutalidad en la música de The Devil's Blood, la mayor parte del publico parecía indiferente. Alguien que no se mantuvo indiferente a la música de The Devil's Blood fue el cerdo hijoeputa que estaba parado a mi derecha con su grupete de amigos. Claramente allí por Behemoth, Porky hacia bailesillos burlones al compas de las odas a Satanás mas infecciosas que ninguna banda ha creado. Yo lo quería estampar contra el piso y bailar tap en sus orejas, quería que se lo cache un burro, quería que Selim Lemouchi lo castre y que luego se bañe con la sangre que su pene chorrea o que F. The Mouth of Satan con una próstesis de dildo se la meta por la boca, estilo deep throat.  

Hubieron un par de fallas en el set de The Devil's Blood; ritmos que parecieron perderse y notas que F. The Mouth of Satan no pudo alcanzar. A mi lo que más me jodio fue que no tocaron "The Heaven's Cry Out for the Devil's Blood", su obra maestra. Mientras tocaban "Fire Burning" una de las gemas de su ultimo álbum, F. The Mouth of Satan salio del escenario de modo indiferente. Yo pensé que se estaba tomando un break, o que quizás le dio un poco de hambre y le fue a dar un mordisco a la hamburguesa que había dejado tibia en el backstage, pero eso fue todo. The Devil's Blood me dejaron queriendo más, mucho más

Un ron con Coca Cola y una meada más tarde y Watain estaban en el escenario. Ayudando en las guitarras estaba el mismo Selim Lemouchi y en el bajo el chileno Alvaro Lillo con una pinta y unas expresiones faciales que aun me estriñen. 


Debo admitir que desde que vi las fotos promocionales de Lawless Darkness en las que Erik Danielsson porta esos lentes de contacto a la Marilyn Manson, me 
pareció que Watain estaban cruzando una raya hacia una estética demasiado trabajada. Su música por otro lado, denota una calidad y  una atención al detalle admirable. En vivo, con candelabros y velas encendidas, con humo por el suelo, pájaros muertos colgados de la correa de Danielsson y con cruces invertidas gigantes y un sonido impecable me parecieron simplemente acojonantes.

Cualquier persona que se 
exponía al black metal por primera vez esa noche pensaría que el black metal es música elaborada y casi teatral, donde la pantomima ayuda y no es objeto de burla, donde el ambiente representa verdaderamente la filosofia y las intenciones. Que lo-fi, ni que ocho cuartos, Watain tocan black metal de un modo profesional y esa noche, si en atención habían unos que no los conocían, apostaría mis dos bolas a que salieron del show convertidos al fanatismo de la banda.

Era mi 
intención marcharme luego del set de Watain, pero como me perdí a In Solitude decidí escuchar un poco de Behemoth. Los polacos si eran dueños del escenario entero, el resto de bandas habían hecho uso de solo la mitad. Yo me fui hacia el bar un rato a descansar y note a mi derecha a David Vincent de Morbid Angel. El tío parece hidrocefalico, tiene una cabezota que intentaba asolapar con un sombrero negro de vaquero y con unas botas típicas de cantante de música country. Rodeandolo estaban un par de miembros de Watain.

Luego Behemoth empezaron a tocar y el 
público se volvió loco. Me imagine al gordo hijueputa saltando como una pelota que rebota. Esta banda nunca me ha interesado. La primera vez que escuche "Slaves Shall Serve" me causo gracia y sinceramente me pareció una huevada, así que nunca me moleste en escuchar sus discos. Para entonces eran casi las once y media y yo andaba cagado del hambre. Después del primer tema, Nergal grito, 'it's good to be alive', en referencia al Cáncer que acaba de vencer y la gente le respondió con amor; con gritos,  con saltos y sin pogueo, con cuernos en sus dedos y con los brazos en alto. Yo ya estaba con hambre y no dejaba de pensar en que si quería comer algo de pizza tendría que salir del concierto antes de la medianoche.

Disculpen la baja fidelidad de las fotos pero culpen a Steve Jobs, porque la camara del iPhone vale verga.

viernes, 4 de mayo de 2012

POISONDEATH, Poison Metal (Tahuantinsuyo, 2010)

Desconsiderando el sonido tubular y algo lejano del debut de la banda peruana Poisondeath, yo no titubearía en nombrar a Poison Metal como uno de los mejores trabajos emergentes de la escena inca en los últimos años. Editado en el 2010 con poca alharaca y cero eco, este salvaje álbum de siete temas nos introduce al thrash death metal purulento de esta hambrienta banda chimbotana.

Los cortes presentan un sonido violentista y avezado que en mas de una ocasión recuerda a los mañaneros sonidos de bandas teutónicas de los ochentas. Si hay algo que diferenciaría a Poisondeath de Protector, por ejemplo, es que el trio peruano presenta una destreza en sus instrumentos aun no dominada por los alemanes en los proto-death metaleros 80’s y además, cuenta con la ventaja de tener al tiempo de su lado. Los arreglos dinámicos, diestros, rudimentarios y agiles a la vez denotan esto ultimo, la produccion caustica y de baja fidelidad, no.

A proposito, lo de Protector no es chiste. El sonido de guitarra me recuerda muchisimo al del Urm the Mad, aunque es imposible saber si esto es casualidad o resultado de limitaciones presupuestales y tecnologicas.

Poison Metal destaca por eso, los temas tienen una base mucho mas brutal que la de cualquier banda thrash mundana y tienen además una espina dorsal mucho mas melódica que la de cualquier banda death metalera de la primera ola. Dudaria en llamarle al incisivo ritmo y marcha de estos temas ‘melodias’, pero no encuentro otra palabra. Ademas las tendencias a tirar hacia lo negro son obvias, sino miren esta grandiosa portada y observen el grueso falo del mismisimo diablo. Bonito, eh?

Desde los 80’s el metal sudamericano se ha destacado en el mundo por su salvajismo y por su falta de precisión instrumental. Por lo general, bandas de esta región que practican un estilo mas pulido han tendido a pasar desapercibidas. Poisondeath por su parte ofrecen un buen balance de esto; música desordenada e indomable tocada con gusto, con respeto al pasado y con una actitud verdaderamente endiabalada.

((Metal Veneno))